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La casa loca

Látex para la noche

Dicen que es de bien nacidos ser agradecidos y al Tribunal Supremo no se llega sin un buen padrino. Es el juego de la política que nos hace creer en la pluralidad, los derechos y la separación de poderes, aunque en ocasiones nos encontramos con agujeros negros difíciles de explicar. A estos los puso ese señor de bigote y que debió aprender el inglés con el método de las mil palabras estilo cowboy (más que el actual, por cierto) que gobernó lo que pretendía ser el renacido Imperio Español, ese que escribía de joven artículos en los que criticaba la democracia y alababa la figura de Franco. Ahora sientan en el banquillo a Garzón, imputado de prevaricación. No creo que el juez sea un santo y si lo fuera no sería de mi devoción, pero es triste que un país como España prohíba investigar qué pasó años atrás, durante la dictadura, que de forma pasional defendían algunos políticos actuales reconvertidos a demócratas (porque no les queda otra para seguir viviendo del cuento), pero no convencidos del sistema. Esa es la razón última. Garzón quería investigar desde el plano judicial el franquismo, esclarecer responsabilidades, que las hubo. Pero no, no se pueden meter los asesinos en la cárcel ¡qué temeridad! Mientras juzgamos los crímenes contra la humanidad de la Chile de Pinochet o la Argentina de la Dictadura Militar, echamos tierra sobre los nuestros, amparándonos en una Ley de Amnistía del 77 y por tanto preconstitucional y admitiendo de acusación a esa organización de consabida raigambre ‘democrática’ como es Falange Española y es que ya decía Brecht que hay jueces que son incorruptibles, nadie puede inducirles a hacer justicia. Tal vez en aquel entonces fue necesario, con unos asesinos, cómplices y leales celosos de esa democracia europea que pretendía hacerse con ‘su patria’, pero 35 años después, quedan muchos españoles en las cunetas de no se sabe qué sitio y muchas culpas por esclarecer que quieren ser tapadas con la falacia de no hurgar en el pasado y mirar al futuro, sin embargo no es revancha, ni remover heridas, ni siquiera es justicia, es reparación moral, pero claro… es peligroso, no todo el mundo está orgulloso de su pasado. 

De N para Lacasaloca.

 

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